Carta a mi Yo de 18 años.

Hola David.

¡Feliz cumpleaños pendejo!

Escribo esta carta con la intención de que sea mi testamento para ti.

La fuerza motriz del hombre es su voluntad de dejar un legado: de construir un futuro que perdure, aún después que él mismo haya sido olvidado. Es mi voluntad compartirte lo que ahora se, lo que me habría gustado que supieras antes de enfrentarte a la vida que vendrá.

Vas a morir. Eso lo tienes ya tan claro como yo. Inténta vivir primero. No me preocupa darte detalle de lo que me ha pasado por que comprendo que tu, no eres yo. Te harán una fiesta este sábado, quizá tu si decidas estar ahí. Yo no fuí por la razón que conocerás esta tarde. Quizá habría sido más sensato tomar otro curso de acción, yo nunca lo sabré ahora. Cada segundo de vida es una decisón que tomamos. Cada decisión que tomamos, implica otra que no tomamos. ¿Quien sabe? Quizá la otra habría cambiado el rumbo de todo. Los planetas podrían haber girado en otro sentido. No puedo decirte que decisión tomar a cada segundo. No puedo decirte lo que vendrá por que no tengo forma de saber que decisiones tomarás tu. Todo lo que puedo decirte es que nunca dejes de hacerte responsible de tus consecuencias. Todo lo que te suceda a partir de ahora dependerá únicamente de ti. Ni lo bueno ni lo malo, por que no existe el bien o el mal: solo consecuencias. De la consecuencia de que decidas atender a mi consejo, o no, dependerá la vida que llevarás hasta que sea tu turno de cerrar el ciclo y escribir la siguiente aliteración de estas líneas.

Debo advertirte que lo que deseas en este momento, la semilla que guardas en tu corazón, no dará fruto alguno. Que los sueños son solo para la gente dormida no necesariamente tendrás que aprenderlo a golpes. Nadie obtiene exactamente lo que desea en la vida. Pero esto no significa que desearás cambiar la experiencia adquirida por la gentil venda de ignorancia que cubría tus ojos. Te garantizo que verás la luz, y creéme, la luz es gloria.

¿Como puedo saberlo? Por que yo fuí quien tu eres esta mañana, soy quien serás cuando tengas el doble de tu edad, soy tu yo de 36.

Quizá en un futuro de ciencia ficción la humanidad tenga la capacidad de transmitir información hacia el pasado, en una especia de alejandrina biblioteca de dos vías. Quizá algún alma bondadosa te haga llegar esto entonces. Lo que tienes frente a ti es la experiencia que en mi vida he adquirido sobre aquello que es para nosotros a la vez respuesta y enigma: las mujeres.

Ahora entiendo que es lo que nos fascina de ellas, por que sentimos que solo podemos existir en su presencia, por que podríamos pasarnos toda la tarde solo observándolas, así como aquella vez que pasamos toda la tarde observando a aquellas avispas construir un nido en nuestra ventana: por que nos sentíamos seguros detrás de la barrera que nos separaba. Esa barrera es confusión, resentimiento, culpa. Es la incomprensión lo que separa al hombre de la mujer. Y mientras no haya comprensión, no hay amor, solo deseo. No puedes amar lo que no entiendes. Lo deseas, lo quieres, de la misma forma en la que un niño quiere que lo carguen. Solo quiere sentir afecto, la cálida sensación de los brazos de alguien, pero no entiende por que. Solo sabe que lo quiere. Solo sabe que quiere que lo quieran como el quiere que lo quieran, y ninguna alternativa es aceptable: el amor para el solo es concebible cuando sus deseos están siendo satisfechos por alguién más. El amor solo es amor cuando se conforma a su capricho. ¿Me quieres? Entonces tienes que ser como yo quiero que seas mientras estés conmigo.

El problema con esta mentalidad adolescente es justamente etimológico: le falta. Pensar que el amor afectivo y el deseo instintivo forzosamente deben coincidir es insuficiente para enfrentarse a la realidad de las relaciones humanas. En la jungla, lo que queremos y lo que necesitamos pocas veces se encuentran.

Y tu que sientes que lo sabes todo, eres un pendejo que no sabe lo que le espera. Vas a sufrir, vas a llorar como nena, vas a emborracharte hasta vomitar frente a su casa. No puedo decirte que no será divertido, será el viaje de tu vida, lánzate. Te arrepentirás de no haber bailado. Serán muchas y muy buenas experiencias, pero inservibles hasta que no tengas en claro como funcionan ellas, hasta que no entiendas, hasta que no te familiarizes total y absolutamente con cada palanca y cada botón del engranaje psicosocial en el que giran todas y cada una de ellas. No son complicadas. Complicadas las matemáticas y hasta esas llevan un método. No te tragues el cuento de “es que a las mujeres no hay quien las entienda”. No son jerogíficos. Son personas. Son un sutíl misterio, un santuario efervescente, un delicioso martirio, pero son, a todo eso, personas. Desde niños fuimos hechos a creer que la mujer era pecado. Jugar con ellas era molestarlas. Platicar con ellas durante el recreo era de jotos. Todo lo que te intrigaba de ellas sonaba raro al preguntarles. Las palabras nunca salían como las habías imaginado.

Y así aprendimos a mantener la distancia, a contentarnos con observarlas de lejos, de desearlas. Aprendimos a idealizarlas antes que a pensarlas. Y aunque mandarás a la mierda a todos los que te dirán que no puedes tener lo que deseas, y soy yo tu testigo de que si puedes, lo cierto es que tu idea, tu ideal, lo que tu deseas, no es lo que tu quieres. Te ruego que medites esto antes de continuar, permite que el 20 caiga. Lo que tu quieres no es lo que tu deseas. Lo que tu quieres es lo que tu necesitas.

Nadie nunca nos creyó que somos tímidos. Que aprendimos que el miedo a acercarte a una mujer que te atrae, el miedo que te paraliza, que te impide hablarle de frente, directo, el miedo que te impide decirle lo que piensas, lo que quieres, lo que en ella encuentras que te hace desearla, desear que ella comparta contigo algo más, mucho más, que solo existir en el mismo universo, ese miedo nunca se va. Y nunca se fue, solo descubriste que, en lugar de abrirle la puerta y permitirle paralizarte, podías utilizarlo como una herramienta, un motor que te impulsara a hablarle, que te forzara a intelegir un ángulo de aproximación que te permitiera conocerla de cerca, lo suficientemente cerca como para encontrar todas esas pequeñas grietas y manchas en el mármol que convierten a la estatua en realidad, la vuelven persona, y como persona, contraparte, cómplice, compañera. Mientras no las entiendas, no podrás tener ese doméstico entendimiento con una mujer, la liberación de amarla por lo que ella es, en lugar de desearla por lo que ella podría ser por ti.

Deseo y confusión. Algo que quieres, algo que no quieres. Lo que tu deseas que sea, y lo que tu no deseas que sea, las dos fuerzas que impulsan a la humanidad: codicia y miedo.

Y el miedo a las mujeres, la ansiedad social de enfrentarte a una situación social en la que pudieras ser rechazado, es aprendido. Si colocas a un niño de 3 años frente a una niña de la misma edad, de inmediato comenzarán a jugar entre si, a balbucearse preguntas en un remedo de conversación que solo para ellos tiene sentido. Las relaciones, esto es, la forma en la que hombres y mujeres interactúan entre si para formar vínculos sociales, afectivos, intelectuales, o económicos, es algo natural, instintivo. Tu sabías, en algún momento de tu vida, como acercarte a ellas, como responder a ellas, como coexistir con ellas, de forma nata, sin que nadie te lo dijera. Pero lo olvidaste. Lo olvidaste por que alguien te dijo que no lo hicieras, que para que intentarlo, que eso era algo que simplemente “sucedía en su momento”. Lo olvidaste por que en algún punto te dio miedo hacerlo, y así aprendiste que la mejor manera de evitar ese miedo era no intentarlo.

Pero así como aprendiste a evitar el miedo, lo olvidarás en un instante en cuanto la veas. No puedo decirte como es ella, no la recuerdo. Para mi es una sombra en la memoria, una sombra de cabello negro y nariz respingada, que más que caminar flota sobre el pavimento. En cuanto la veas lo sabrás.

En cuanto la veas vas a olvidar que el miedo es algo que debes de evitar, y aprenderás que el miedo es algo que debes de procurar. Que cuando no haya miedo, es por que no estás haciendo nada en verdad. Olvidarás a usar el miedo como una barrera y aprenderás a utilizarlo como una herramienta, una herramienta para reconocer que, eso que te da miedo, es precisamente lo que debes de hacer. Lo que temes no debe ser lo que evitas, lo que temes debe de ser lo que deseas. Si algo te da miedo, se debe a que deseas algo. Y como lo deseas, tienes miedo a perderlo. Y para no perderlo, lo evitas.

Así aprendiste que el miedo es una señal de que ahí hay algo que tu quieres que suceda.

Y para que suceda, solo tienes que hacer que suceda. Tienes que quererlo. Tienes que convertir la voluntad en fuerza y hacer que pase eso que te da miedo, eso que tu quieres que pase en tu vida.

La verás cruzar la calle y se te olvidará el miedo, irás tras ella como idiota. Díle lo que quieras, ella de todas formas pensará que eres un idiota. Te tomará 6 segundos hacerla cambiar de opinión.

Y 6 semanas en hacer que regrese a la opinión original. Así va la vida.

Lo que tu deseas no es lo que tu quieres. Lo que tu deseas es lo que tu desearias que fuera. Y lo que tu quieres es lo que tu necesitas que sea para sentirte satisfecho. Lo que tu necesitas para sentir que vas en el camino de lo que tu propia vida debería de ser. Lo que tu necesitas, es la verdad.

La verdad, por que la verdad te hará libre. La verdad te hará libre de tener la vida que tu quieres tener con ellas. La verdad te hara libre de ideales, de un ideal-moral que convierta su pasado en un historial indigno de sumarse al tuyo, en un ideal-estético que te impida aprender que la vista es el más superficial de los sentidos, de un ideal-afectivo que no te permita apreciar la forma única e irrepetible que tendrá cada una de ellas de demostrarte lo que significas para ella1. De ese pernicioso ideal-pedestal que la transforma en una imagen, en una representación de lo que tu quieres que sea. Y a Venus, estatua, la eleva un pedestal que la deja fuera de tu alcance.

Para verdaderamente amarla, a ellas, a ella, a cualquiera, necesitarás conquistar los paradigmas de tu limitada experiencia. Para conquistarlas, deberás forzosamente comprenderlas primero. Para comprenderlas, tendrás que aprender a conocerlas, a acercarte, a guíarlas hacia el mundo que te rodea. Pero para conservarlas… ¡Oh, joven Padawan! el conservarlas verdadero reto es.

Comprenderlas, conocerlas, conquistarlas, conservarlas. Una gran responsabilidad te espera. Esa será tu realidad por los próximos años. ¿Por que las mujeres? Por que ningún otro factor en tu vida tendrá tanto impacto sobre tu satisfacción personal. Como hombre, podrás tenerlo todo, fama, reconocimiento, fortuna, pero sin tener a tu lado a la mujer, a la clase de mujeres, que tu sientes que mereces, nunca estarás satisfecho2.

Y egoístamente, eso es lo que tu necesitas para sentirte satisfecho. Esa conexión, ese momento en el que te puedes relajar, recostarte junto a ella, su cabeza en tu hombro, y pensar “no me falta nada, esto es todo lo que necesito”.

  1.  En el mundo en el que yo vivo, hay mujeres a montones, esto es, 107 mujeres por cada 100 hombres. Te adelanto que, por lo menos, a 100 de esas 107, no significarás nada en absoluto. Les vales pito. Tu existencia no tendrá relevancia alguna en la suya. Tu misión será sencillamente encontrar a las 7 en las que dejarás huella de tu existencia en este mundo.
    a- “Four the one and only, two that want to stone me, one says shes a friend of mine” – The Eagles.
    b- “And I hate the fucking Eagles” – The Dude.
  2.  En cambio, podrías vivir en un cuarto de azotea y trabajar como botarga del Dr. Simi, pero si tu forma de relacionarte con las mujeres llena tus expectativas en calidad y cantidad, estarás igual de feliz.

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